El Liverpool le necesitaba y desde que comenzó la temporada estaba fuera de su habitat natural. No estaba cómodo, no le llegaban balones, no presionaba como antes y sobre todo, no era determinante.
Hogdson lo dijo publicamente y en la décima jornada, un taconazo del madrileño le hizo despertar del letargo.
Un taconazo que se aleja de la simplicidad de una asistencia. Es más que eso, es la rabia desatada de un jugador que parecía enjaulado. La situación del Liverpool sigue siendo la misma en la Barclays Premier League, quizás aumente la euforia del plantel por la segunda victoria consecutiva, pero poco más.

Las constantes vitales del Liverpool pueden reanimarse en la Europa League. Todo dependerá de la idea de Hodgson, que parece más centrado en recuperar el respeto en la Liga que de seguir adelante en la competición europea. De hecho ya dejó en la tercera jornada de la Europa League a Torres y a Gerrard fuera de la convocatoria.
Un taconazo no cambia la situación de un equipo, pero el espíritu de un jugador como Fernando Torres, su pegada y su juego, sí puede cambiar el juego del Liverpool.